

Hace tiempo que dejé de escribir en esta mi bitácora, algo que me atormenta profundamente. Pues si algo se parece más a la muerte que cualquier otra cosa es el silencio, el misterioso silencio. Cuando, después de un tiempo he vuelto a entrar, he hecho un viaje al preciso momento de la última entrada, donde se paró todo en este diario mío. Como cuando a un reloj se le agotan las pilas, esa hora queda marcada con un aire de misterio. Pero la pregunta, la cuestión es: ¿qué ha sucedido desde entonces que yo pueda contar en este Blog? Aunque en este sitio el tiempo se haya detenido... fuera, ¿qué ha pasado?
Realmente: mucho lo hecho, también contado pero nada escrito. Me he dedicado en lleno a rehabilitar mi casa del pueblo y, la verdad, creo que he encontrado un buen empleo: hacia tiempo que no utilizaba mis manos, el contacto con la tierra mojada debajo de unos rosales es la sensación bastante placentera, el olor a cal majada en una pared con docenas de encalados; la tranquilidad de la noche, la frescura de la mañana; el olivo que crece en el patio, una promesa mañana. Aunque este oficio no tenga mucho beneficio material -"entrampao asta las trancas"-, si que es una mina de oro en cuanto al otro, el inmaterial: un lugar de encuentro. Pues nada, lo dicho ¡aquí tenéis vuestra casa!